sábado, 11 de abril de 2015

"El efecto Marcus", de Jussie Adler-Olsen

Editorial Maeva
Año de edición: 2015
Título original: Marco Effekten
Edición original: 2014
Traductor: Juan Mari Mendizabal



Sinopsis:


Marcus solo tiene quince años, pero no ha tenido infancia. Pertenece a una banda cuyo violento líder, Zola, obliga a sus miembros a robar y a cometer otros actos criminales. Cuando amenaza con mutilarlo para que dé más pena, Marcus huye. Pero antes descubre el cadáver de un hombre cerca del escondite de Zola. Más tarde, Marcus averigua que el muerto era William Stark, responsable de un proyecto de ayudas al desarrollo en Camerún, y se convierte así en un peligro tanto para Zola, que ejecutó el asesinato, como para quienes se lo encargaron, personas poderosas que desviaron los fondos del proyecto.


La investigación arrastrará a Carl, Assad, Rose y Gordon, el nuevo miembro del Departamento Q, a una ciénaga de corrupción y crímenes en el mundo de la política y la economía, cuyos tentáculos llegan hasta la selva africana.
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Soy fan de Carl Morck y su equipo, los miembros del Departamento Q, y en este libro los he echado un poco de menos. Me explico: el autor se centra tanto en Marcus, en sus idas y venidas, que hay muy poco espacio dedicado a la investigación y a los diálogos y ocurrencias de esos policías daneses tan fuera de lo común; así que no aparecen hasta el cuarto capítulo, después de que hemos conocido a varios personajes variopintos que nos dejan un tanto desconcertados por la falta absoluta de relación entre ellos.Los miembros del Departamento Q comienzan a investigar un caso que no tiene nada que ver con Marcus y de una forma un tanto rocambolesca acaban topando con el caso de una persona desaparecida que sí tiene relación con este chaval cuyas peligrosas peripecias llevamos siguiendo desde casi el principio de la novela.

La verdad es que la historia es un puzle de casos y personajes diversos, unos conectados y otros aparentemente no, que acaban confluyendo de forma a veces un poco forzada. Esto ha hecho que la historia no me haya gustado tanto como otras de esta serie. Y es que aunque el personaje de Marcus es interesante y está muy bien perfilado, y el submundo de redes de ladrones y mendigos organizados en un clan resulta un tema curioso y poco conocido, especialmente pensando en Europa del Norte, lo mejor de las historias del Departamento Q son sus estrambóticos investigadores y, como se dice de los actores que "llenan" la pantalla, ellos "llenan" las páginas. Siguen en su línea y su vida y personalidad van evolucionando: Carl pasa por un grave momento personal -otro más- y veremos que le afecta incluso físicamente; Assad sigue tan agudo y enigmático como siempre, recuperándose de los problemas físicos que le produjo su anterior aventura; y mientras tanto, Rose, un poco más centrada que en otras ocasiones, nos demostrará un lado más tierno y una mayor cercanía a su jefe e incluso a un nuevo miembro del grupo impuesto desde arriba: Gordon, un jovenzuelo bastante torpe pero que acaba siendo de ayuda y puede que se integre bien en el equipo a pesar de todo.

Junto a las andanzas de Marcus y a las habituales maneras de trabajar del Departamento Q tenemos una trama de corrupción política y financiera que a veces resulta un poco espesa para el lector y un pequeño "engaño" con respecto al malo de la historia que no voy a desvelar pero que no me acaba de gustar porque los trucos no me van. Tampoco me acaba de convencer la actitud de los policías al final de la historia con respecto a algunas de las cosas que averiguan y que deciden ocultar, muy de final feliz, pero poco profesional. Pero como es para que todo acabe bien después de lo que hemos sufrido viendo las persecuciones que supera el pobre Marcus, se lo voy a perdonar. Porque este libro es lo que más tiene: descarga de adrenalina a tope ya que estás continuamente en vilo viendo cómo el chico está a punto de ser pillado y cómo escapa por los pelos. Emoción asegurada, pero a mí me va más lo cerebral.





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